Un magnífico documental que nos hace volar junto a las aves migratorias en sus viajes intercontinentales, es el polo opuesto de los largometrajes modernos que dependen de los efectos especiales.
La solemne dirección de Eastwood, el torpe guión y el cadavérico maquillaje de envejecimiento conspiran para distanciarse de la narración histórica y emocional. Es como un trabajo en cera parcialmente animado.
La película sugiere que la vejez no ha de curarse, sino trabajarse con tanta gracia y calma como sea posible. Es una dosis liberadora y lenta de sentimientos sinceros.
La entrega anterior, 'X-Men: Days of Future Past', fue tan fresca y disfrutable como esta resulta incoherente y desalentadora. La vi en el habitualmente irritante 3-D, que no recomiendo. En realidad, no recomendaría verla en ningún formato.