Galifianakis es el elemento esencial de esta obra. Su capacidad de desmantelar una escena con tan solo una frase sencilla lo hace increíblemente impredecible y divertido.
Confusa e inerte a pesar de las mejores intenciones, este aburrido thriller se presenta como una versión del 'Taken' de Liam Neeson ambientada en el Medio Oeste.
Los puntos de vista diferentes aportan un respiro ante la repetición, sin embargo, las situaciones que van desde las burlas de los nuevos reclusos hasta el sádico del bloque de celdas son elementos que ya hemos visto con anterioridad, incluidos los giros finales.
El guion de Chris Shafer y Paul Vicknair se siente como un primer intento, posiblemente elaborado en una noche de descontrol con Red Bull y maratones de Netflix.
Si te gusta sumergirte en las fascinantes fantasías de Terry Gilliam, disfrutarás de esta película. Sin embargo, es posible que te quede una leve sensación de insatisfacción.