Mantiene gran parte de la rareza y el humor de la primera entrega para intrigar a los recién llegados, al mismo tiempo que profundiza en las cuestiones sobre la memoria y lo que constituye una conciencia individual.
El misterio es parte de su atractivo y su situación especial, que se extiende más allá de California, satisfará a los espectadores más receptivos y curiosos.
La lentitud es un recurso efectivo en muchas películas de terror, pero en este caso se convierte en un problema. Aunque hay algo de acción en el clímax, la dirección de Gelatt y su manera de llevar a cabo la escena resultan insatisfactorias.
Una secuela que no puede ser acusada de carencia de ambición. Si bien la primera entrega ofrecía verdaderos momentos de terror, esta secuela, en sus instantes más destacados, logra crear una atmósfera de suspense y, en sus momentos menos afortunados, provoca más risas que miedo.
Los seguidores del género sin duda apreciarán esta obra, considerada la más exitosa del director desde 'The Sixth Sense'. Es un gran retorno para un cineasta que ha enfrentado tanto críticas desfavorables como fracasos en taquilla en los últimos diez años.
Su débil premisa se convierte rápidamente en un estudio de emociones poco convincente, y éste a su vez en una historia de venganza muy difícil de creer.
Construida en torno a una animada interpretación de Ben O'Toole, esta obra incorpora una dosis de energía oscura y un ambiente acogedor, evocando los comienzos de un joven Sam Raimi.
Sienna Miller brilla con una actuación cautivadora que da sentido a la película. El filme presenta un entorno auténtico que acompaña su evolución personal hacia la madurez.
Mariko Tsutsui brilla con una interpretación conmovedora, sin embargo, su destacada actuación no logra que esta obra japonesa sea fácilmente comprensible para el público de habla inglesa.