El mayor logro de la película radica en la manera en que se presenta el 3D, que aparece de una forma completamente natural, como la precisa y vívida expresión de la imaginación de un niño prodigio.
Oscura, inteligente y envolvente, pero arriesga poco. Resulta más interesante debajo de su pulida y ominosa fachada, donde explora con habilidad las complejas preocupaciones sobre los orígenes culturales de nuestros miedos. A ratos es inusual e innecesariamente explícita en sus imágenes.
Aporta una nueva perspectiva femenina que, a pesar de su trasfondo trágico, se percibe como una celebración de aquellos tiempos embriagadores y transformadores y como un recordatorio de lo que la solidaridad puede conseguir.
A veces onírica, a veces aterradora, esta visión de los sueños y pesadillas de un joven empuja al espectador en el tipo de montaña rusa de acontecimientos e imágenes que algunos encontrarán estimulante y otros agotadora.
Es una experiencia cinematográfica intensa e incómoda. Un retrato de una sociedad rusa agresiva y sin amor, en la que la división generacional parece enorme.
Su lúcida disección de cómo una época específica condiciona la vida de aquellos condenados a pasar por ella es lo que la eleva por encima de cualquier otro 'coming of age' similar.
Una película breve que ofrece algunos momentos verdaderamente mágicos. Al principio parece muy ligera, pero se vuelve inesperadamente interesante y sólida.
Una exploración compasiva y crítica de la soledad adolescente. Una película de pureza y propósitos inusuales en la que todo lo no esencial ha sido extirpado al servicio de una poderosa lógica emocional.
Fresco y divertido musical, una ópera prima vibrante y conmovedora que presenta una encantadora fantasía sobre la coexistencia armoniosa de los opuestos.
Su terror se presenta de manera excesivamente pulcra, exhibiendo imágenes cautivadoras. Carece de los matices morales que podrían atraer a un espectador adulto, aunque posee un innegable atractivo de culto.
Un retrato áspero y compasivo de la vida post-adolescente en la España contemporánea, 'Mensaka' coge un tema trillado y le insufla vida con una sorprendente eficacia por el debutante Salvador García Ruiz. Un buen escaparate para jóvenes talentos locales de la interpretación.
Una obra visualmente impresionante y poderosa que transmite inmediatez. Sin embargo, carece de matices psicológicos, y se retrata a Kapuscinski como un hombre de acción estereotípico.