'Woodshock' muestra cierta reticencia a establecer una coherencia clara, como si eso no estuviera de moda. La forma en que las Mulleavys utilizan la yuxtaposición puede, en ocasiones, resultar trivial.
Wootliff muestra una notable sensibilidad emocional y una gran conexión con los actores, pero sus capacidades narrativas carecen del enfoque necesario para mantener la atención durante dos horas.
Por muy atractiva que resulte a veces la mezcla, al final parece que a esta película salvajemente excéntrica le falte algo para acabar de infusionarse.
Las traumáticas heridas de la guerra se evocan de forma vívida y, en ocasiones, dolorosa. Sin embargo, ciertos aspectos dramáticos y excesivamente emotivos restan fuerza a la obra en su conjunto.
Un debate sobre responsabilidad social que es sutil, pero interesante. Demuestra que todavía existe nueva energía que extraer del habitual realismo rumano.
Una película puede lograr el verdadero milagro de captar lo más personal y lo que parece sin importancia, y hacerlo de manera completamente natural. Lila Avilés lo alcanza con un estilo elegante y una gran percepción.
Miguel Gomes experimenta con el tiempo y el espacio, combinando elementos de documentales contemporáneos con resonancias del cine de Hollywood de mediados del siglo XX y las narrativas de autores como Joseph Conrad y Somerset Maugham. Es una odisea asiática hipnótica y creativa.
Un drama yemení profundo que trata el tema del aborto con una notable naturalidad. Lo más destacado es el estilo narrativo de Gamal, que resulta ser sumamente sobrio y directo.
El guion de Condon oscila entre la sofisticación precisa y una notable torpeza. Sin embargo, gracias a su impresionante aspecto visual y las magníficas interpretaciones, la película se convierte en una experiencia verdaderamente disfrutable.
Los espectadores que esperen algún tipo de estabilidad narrativa, podrían perder la paciencia. Tiene el problema de que no puede esconder su evidente sobrecogimiento al visitar un terreno sagrado cinéfilo.