Lo más lamentable de este intento de Allen por adaptar su estilo característico al público joven es la amargura que lo envuelve, más que la ausencia de humor.
La comedia de Billy Wilder que menos se valora es, sin duda, la que más se asemeja a la encantadora maestría y al ritmo elegante de su influyente mentor, Ernst Lubitsch.
Esta película juvenil, a pesar de ser convencional y ligera, destaca por su encanto. Su origen inglés aporta una perspectiva más clasista en comparación con muchas de sus contrapartes americanas.
Justo cuando estaba a punto de descartar el falso documental como una forma agotada, llega esta deliciosa e hilarante comedia de improvisación del Reino Unido.
El guion de Stuart Beattie se mantiene fiel a los elementos del género, ofreciendo aventuras picarescas que resultan animadas. La dirección de Mann aporta un toque de gracia y confort en la interacción con los actores.
El regreso de Woody Allen se produce al mismo tiempo que el regreso de Diane Keaton como protagonista, quien sin duda logra robarse el espectáculo con su actuación.