Merece reconocimiento por la manera cuasidocumental en la que captura los riesgos cotidianos de una brigada de bomberos. Sufre de una narración genérica y un estilo de telefilm.
El equipo detrás de este entrañable largometraje hace un buen trabajo introduciéndonos en un mundo completamente nuevo de héroes y villanos, al tiempo que intenta que el material recreado tenga sentido.
En definitiva, ofrece la típica historia del inadaptado que se atreve a salir adelante por sí solo, pero lo hace de una manera tan audaz y atípica que quizá eso explique su éxito en Dinamarca.
Los juguetes están recomendados para edades de entre 4 y 12 años. Sobre la película se puede decir que nadie que llegue a los dos dígitos de edad encontrará algo interesante en esta herramienta promocional genérica y sin gracia.
El director demuestra una notable falta de habilidad en la realización de su película. En comparación, las demás cintas parecen haber sido dirigidas por Billy Wilder en la cima de su carrera.
Un sueño para los amantes de la cocina y una guía para los aspirantes a chef, que revela la sofisticada alquimia que hace que estos lugares no sólo funcionen a la perfección, sino que sirvan platos innovadores y de origen local.
Juliette Binoche y Benît Magimen ofrecen un menú francés de exquisita elaboración. La película presenta sus deliciosos platos como auténticas obras de arte comestibles, fusionando maravillas culinarias con una conmovedora historia de amor en la madurez.
Una lección francesa bien interpretada, aunque algo convencional. Puede resultar forzada y, en ocasiones, se siente manipuladora. Sin embargo, los personajes logran ser lo suficientemente interesantes como para evitar caer en clichés.
Breve, tierna y genuinamente divertida en ocasiones, aunque también demencial, y posiblemente ofensiva para cualquiera que haya tenido un terrible accidente de esquí.
Una película irreverente e inventiva que regresa de forma libre a las cintas rápidas y entretenidas de la nueva ola de Jean-Luc Godard y Jacques Rozier.