Bajo su manto de ligereza y su tono de comedia romántica light, esta curiosa película se atreve a pegarle un buen mordisco a la sociedad francesa. El guión abunda en toques de ingenio.
Traza una radiografía, algo telenovelesca pero indolora, tónica, de una familia burguesa. Chirrían muchas cosas, pero contiene una perla para el recuerdo.
Una obra de pequeño formato con una textura visual anticuada que, a pesar de ello, resulta encantadora. Aunque la historia es un poco débil, las actuaciones de Bening y Harris logran compensar esta falta.
Película honesta y realista, que presenta un interés social y humano innegable. Aunque carece de una creatividad destacada, su potencia radica en la perspectiva de la protagonista.
Riklis muestra su destreza al retratar la vida cotidiana y los matices que la rodean, aunque en algunas ocasiones enfatiza en exceso ciertos aspectos. La actuación de Tawfeek Barhom es sobresaliente.
Desde la primera escena de suspense, se nota que Ritchie domina su arte. Su habilidad para contar una historia de forma fluida y efectiva es realmente destacable.
La imaginería de 'Micmacs' muestra un virtuosismo impresionante. Sin embargo, la obra sufre de un exceso de barroquismo formal que resulta agotador antes de la mitad de la película, evidenciando una falta de equilibrio en su ejecución.
La intriga carece de fuerza y la dirección es muy deficiente. El ritmo de la narración resulta pesado y las interpretaciones son bastante discretas. Max Irons, en el papel principal, destaca como uno de los actores más insípidos de la actualidad.
Relato que rompe esquemas y previsiones, y sorprende cada cinco minutos con situaciones cambiantes, algunas absurdas, otras brutales, siempre desgarradoras.
Un thriller que sigue una fórmula clásica y presenta deficiencias, aunque la narración se lleva con notable firmeza. Su solidez se encuentra en un elenco de gran calidad que logra mantener el interés a pesar de los momentos menos destacados.
Thriller de escasa sustancia, presenta un producto ultraviolento donde mafiosos, sicarios y venganzas se entrelazan. La historia está plagada de clichés y se desarrolla en los lugares más sórdidos de Miami.
Probablemente será un metraje excesivo para el neófito, pero excitará a la legión de fans de la franquicia. Lo que es indudable es el poderío estético del producto, luminoso, febril y puro anime canónico.
Es una película muy dialogada y teatral. Algunas frases pueden resultar desconcertantes, pero la sobria dirección de Coixet, junto con las intensas y conmovedoras actuaciones de Cámara y Peña, aportan vida y emoción a la obra.
Inicia con un fuerte número grupal y mantiene un crecimiento dinámico durante la primera hora. Sin embargo, la segunda parte se torna casi monótona, perdiendo interés progresivamente.