Extraña e irregular película por la que Jim Carrey cobró 2.500 millones de pesetas. Los críticos están desconcertados, pues no es suficientemente divertida para ser una buena comedia ni inteligente para ser respetable.
Carente de toda gracia y exento de originalidad. Su único encanto es la agradable y sensual Charlize Theron, la única capaz de impedir que los padres acompañantes se duerman en el cine.