Sorprendentemente divertida y en ocasiones, sobrecargada, su verdadero potencial podría verse de aquí a unos años, cuando su premisa empiece a ser más ciencia que ficción.
Acaba siendo un conmovedor estudio de la identidad homosexual. Lo que no hace es cerrar las preguntas sobre la muerte de Alison de forma satisfactoria.
Es como una forma de burlarse de sí misma, aunque sin el toque de humor necesario. Se siente como un intento fallido de combinar el pasado y el futuro a la vez.
Revela sus encantos poco a poco, una vez que la audiencia ha dejado de lado las expectativas de que Overman siguiera a Wells. Las actuaciones son excelentes.