Tengo que decir que, mientras la veía, estaba casi tan sorprendida por los crímenes como por las declaraciones de quienes trabajaban en el caso. Es extraña y aterradora.
La historia se inspira en el arte surrealista y en la mitología griega, lo que se revela de manera positiva. Sin embargo, demanda atención y una mente alerta para apreciarla plenamente.
Para cualquiera que haya estado en Nueva York y haya pasado muchas veces por la zona de Times Square en las últimas tres décadas, es muy interesante ver esta docuserie.
Aunque la historia es relevante, al tratarse del primer asesino en serie conocido en Corea del Sur, el desarrollo podría haber sido más sólido en cuanto al estilo.
Me gustó este cierre de la trilogía, pero también le grité alguna vez al televisor. Por muchas razones, pero sobre todo cuando los personajes actúan de forma estúpida.
Es el recordatorio perfecto de que una pandemia no es la única enfermedad del planeta. Lo que se presenta aquí no me parece exagerado. ¡Y eso es lo más aterrador de todo!
Con una duración ligeramente superior a la hora y media, es el típico entretenimiento de un viernes por la noche que el mundo necesita justo en estos momentos.
Presenta una gran cantidad de personajes y diversas localizaciones. A pesar de ello, la trama resulta ser sumamente entretenida e intrigante en varios aspectos.
Su estilo general y la calidad de la producción son sólidos. Sin embargo, la historia no es del todo de mi gusto. Hay demasiadas cosas que no funcionan.
Es una película que, aunque avanza a un ritmo pausado, logra captar la atención de manera intensa. Joe Penna demuestra un notable dominio en la creación de una atmósfera claustrofóbica que envuelve al espectador.