La mejor clase de película hollywoodiense: reflexiva, pero escapista, sofisticada, pero accesible, expertamente realizada y profundamente sentida. Las interpretaciones son de primera categoría.
Aunque Ellis eleva la tensión con los cortes transversales y la confusión generada por los monstruos en el tramo final, le resulta difícil sostener esa intensidad por un periodo prolongado.
Lo que impide que la película se convierta en una horterada total, es su inquietante atmósfera y su perturbadora calidad infantil, que sumerge al espectador en una pesadillesca realidad alternativa.
Los efectos prácticos y el diseño grotesco de las marionetas resultan cautivadores. Sin embargo, las actuaciones poco consistentes y las caracterizaciones contradictorias hacen que sea complicado conectar con la historia.
Es más fuerte cuando abandona su búsqueda de sentido y baila una danza tonta frente a la propia Muerte. Aunque seca y burlona, no es más que una risotada.
'The Night Eats The World' presenta una propuesta de película de zombis que resalta por sus conceptos creativos, aunque a veces carece de la profundidad esperada.
Kendrick, como directora, sorprende al presentar eficazmente escenas de suspense al estilo de Hitchcock, destacando su habilidad para combinar tensión con su distintivo ingenio, a pesar de no estar asociada a temáticas sombrías en su faceta actoral.
Una vez que eliminas los impresionantes escenarios, solo queda una comedia romántica que carece de auténtico romance y que resulta divertida en raras ocasiones.
Esta obra es excepcional en su erudición, ya que desarrolla una teoría integral que explora la manera en que las películas de terror populares a nivel global reflejan el trauma nacional.