Cuando esta película genial e irresistible acaba, te das cuenta de que su divertidísimo e inspirado humor visual y su diseño son de los mejores del año.
Una secuela decepcionante de la colaboración entre dos maestros del horror, Stephen King y George Romero, que aquí se sienten como sombras de lo que alguna vez fueron. Los seguidores de ambos autores merecen una obra que esté a la altura de su legado.
La visión sabia y compasiva de esta película es que, para muchas mujeres jóvenes con escasas oportunidades, ganar un concurso de belleza representa su mejor esperanza.
Empieza como una deliciosa y salvaje sátira de los shows de televisión para niños, y por ello es una pena que se tuerza, se salga fuera de control y se deslice aburridamente antes de volverse a controlar en un inteligente aunque prolongado final.
Aunque se desenvuelve con soltura y cuenta con un reparto atractivo, junto a una trama que resulta razonablemente entretenida, es complicado que llegue a emocionarte profundamente.
Ritter, Dawber y Jones son comediantes hábiles, sin embargo, es difícil imaginar a alguien que pudiera haber sacado algo provechoso de un material tan plano.
Matthau brilla en su interpretación, mientras que Robbins y Ryan se destacan, mostrando un talento que el guion no logra reflejar adecuadamente. Lamentablemente, la historia no está a la altura de su capacidad actoral.
Se convertirá en la película más reconocida de Luna y podría ser su mejor obra. Su fuerza radica en la confrontación entre el sexo y las diferencias de clase.