La obsesión de Ryan Murphy por los monstruos crea un espectáculo morboso que resulta mediocre. Su intención parece ser replicar con Dahmer lo que logró con Andrew Cunanan en 'Versace'.
Haciendo malabares con el género de atracos, el thriller de acción, las búsquedas del tesoro y la comedia adolescente, no llega a encontrar una identidad en la que deslizarse sin esfuerzo, como haría un buen ladrón.
A pesar de sus hermosas panorámicas del desierto, el cortometraje carece de profundidad, pareciendo más un anuncio de una marca de moda de alta gama. Lo más intrigante es su metanarrativa, que aporta un toque de originalidad.
Aunque no es tan dinámica como 'Unfriended', se puede observar con asombro la colisión entre lo sobrenatural, lo efímero y lo material, enfatizando que nos dirigimos hacia un futuro incierto.
Su mayor problema es que cae presa de la redundancia, regurgitando las mismas ideas sobre la identidad, el deseo, la violencia y la redención, traicionando lo poco que tiene que decir en primer lugar.
Hay un par de momentos impresionantes en 'Jigsaw', pero las trampas parecen bastante rudimentarias, y depende del trabajo de la cámara que llegue a proporcionar los impactos necesarios.