Obra maestra. Es excelente no solo por su cautivador esteticismo, sino también por su introspección Dostoievskiana y sus apasionantes actuaciones principales.
Este ejercicio de mercadotecnia carece de originalidad y se adhiere a fórmulas convencionales sin ofrecer algo nuevo. No se aplica a sí mismo lo que predica, lo que resulta en una experiencia insatisfactoria.
De ricas texturas y sutileza, el trabajo de Koreeda evoca reacciones extremas. Las emociones se elevan, pero la conexión catártica con el espectador se ve ausente.