La falta de atención en el guion, que fácilmente hubiera podido ajustarse en la preproducción, arruina lo que podría haber sido una idea interesante y digna de un remake.
Esta historia angustiosa y admirablemente cerebral tiene muchas cualidades positivas y nobles. Desgraciadamente, hay algo en su núcleo que no funciona.
El vacío legal patriarcal es el germen de un drama profundamente elaborado, contado con una austeridad meticulosa que, a su vez, combina humor y una empatía bien fundamentada.
Es directa y poderosa, a veces un poco excesiva, pero ejecutada con energía y audacia. Friedkin logra una conexión íntima en los interrogatorios, mientras que Lacy y Sutherland brindan actuaciones ricas en matices.
La directora y su coguionista, junto con un elenco excepcional, capturan de manera destacada los modales y costumbres de estos arquetipos, logrando que la historia siempre se sienta fresca y vibrante.
El guion presenta elementos poco profundos y un enfoque inquietante hacia la violencia de género. Sin embargo, es importante destacar que el vestuario, el diseño de los espacios y la estética de la dirección son excepcionales.
Esta adaptación aborda de manera inteligente la reflexión de Roth en torno a la lujuria y la mortalidad, manteniendo intacta la visión sexista y brutalmente honesta del narrador.
La nueva película de Agnieszka Holland es un ejemplo notable de cómo el cine puede evocar empatía. El sufrimiento retratado en la historia se siente intensamente, logrando conectar profundamente con la audiencia.
Este desgastado montaje de sátiras vagamente interconectadas parece una idea que Charlie Brooker habría creado tras un par de copas para episodios de 'Black Mirror'.
Reflexiva y conmovedora. Empieza de manera pausada, pero con el tiempo consigue atraerte cada vez más. Se ha cuidado con gran detalle la calidad del sonido.
Como ejercicio de género, la película logra crear una tensión impresionante, es emocionante y está magistralmente estructurada. El elenco también destaca por su habilidad para dar vida a los personajes con gran acento.
El director y su equipo utilizan en ocasiones excesivamente la cámara en mano, así como la iluminación estroboscópica y el montaje para crear un efecto emocionante. Sin embargo, el guion es bastante sólido y aprovecha adecuadamente la dinámica de un espacio reducido.
Una obra introspectiva y auténtica que aborda un tema significativo. Aunque es una de las películas más directas del director, tal vez no sea la más cautivadora.