Una saga de bichos sin diálogos, con efectos de sonido impresionantes, una épica banda sonora y una animación encantadora que apoyan una historia que, aunque es increíblemente básica, resulta infinitamente creativa.
Una película que te encoge el estómago: no es tanto un retrato del acoso escolar, como una inmersión sensorial directa en el corazón de los niños que abusan de otros niños, física y emocionalmente.
Vivaz y entretenida, con un gran número de diálogos, lo cual resulta ser un aspecto positivo. Nos encontramos ante una obra muy accesible que también invita a la reflexión.
Una obra conseguida, divertida y modesta que homenajea a la familia, la amistad y el significado de la vida. Es entretenida, sólida, está bien escrita y es genuinamente emotiva.
Una serie de reflexivas decisiones creativas se dan aquí cita para crear una impredecible joya narrativa: 'I Lost My Body' está predestinada a volver a poner el género de la animación en el candelero.
Una dura lección de historia y también una buena historia, es un trabajo visualmente arrebatador que se inscribe con fuerza en un momento en el que el recuento de refugiados es del 1% de la población mundial.
Amor, pertenencia, crueldad, venganza, pena y compasión son evocadas de manera exquisita. El tono tiene un equilibrio perfecto entre contemplación asombrosa y atrocidad inimaginable.
Una historia que nos absorbe de inmediato. El sector LGBTQI seguramente se sentirá muy atraído hacia ella, pero su temática de baile le garantiza tener un futuro prometedor entre el público en general.
Visualmente y temáticamente ambiciosa, 'Notre-Dame Brûle' no es una película especialmente buena, pero dada la fuerza del material y el talento de Annaud para lograr imágenes convincentes, no tiene por qué serlo.
Un disfrutable entretenimiento popular. Se entretejen en ella los temas sobre clases, riqueza y poder, pero en esencia, es una agridulce historia de amor.