Una historia que atrapa al espectador y logra la proeza de emocionar y divertir. Cae en algunos tópicos, destila cierta misoginia y está rubricada por un final innecesario, pero el balance acaba siendo positivo.
Sólo cabe oponerle un reparo: la bondad excesiva que emana de todos los inmigrantes que aparecen en ella. En cualquier caso, la sinceridad es aportada por una excepcional pareja de intérpretes.
La película se queda en los recitales de dos grandes solistas, Robert Downey Jr. (literalmente soberbio y en las antípodas de Sherlock Holmes) y Jamie Foxx, faltos de un director que sepa mover la batuta (la cámara).
Documental con altas dosis de suspense gracias al empleo de cámaras ocultas, tal vez pueda percibirse algún asomo de maniqueísmo. Pero su descripción de los hechos resulta inapelable.
El reto de relatar la fama y el olvido de Rafael Padilla es una tarea compleja. Sy demuestra una vez más su increíble talento interpretativo, ofreciendo una lección magistral que resuena a lo largo de la película.
Aparte de su fascinante poder visual, la película combina maravillosamente el humor negro, la sátira social y un tono cercano al gran cine expresionista alemán.
El resultado de semejante cóctel surrealista podría ser una presuntuosa astracanada. Pero el ingenio de diálogos y situaciones evita el cataclismo aunque se trate de una obra menor.
Petzold, a pesar de alguna reiteración narrativa, filma soberbiamente esta inquietante historia sobre dos seres humanos en perpetua reconstrucción física y anímica. Una película a tener en cuenta.
No cae en la demagogia. Es una pieza de gran talento visual que emociona al espectador. Saskia Rosendahl se apodera de cada plano, al igual que el resto de jovencísimos actores.
Brinda un sarcástico retrato de los lóbregos tiempos del franquismo. Aparte de la impecable ambientación, sobresale el reparto encabezado por el argentino Guillermo Francella.