Para mí hay mucha más emoción en el solitario Nanook que en todo el conjunto y la ebullición de la mayoría de los llamados 'grandes momentos' del drama cinematográfico.
'Lynch/Oz' se desvía en sus transiciones y combinaciones, sumergiéndose en una serie de intentos ansiosos de análisis que no logran guiarnos hacia un destino claro.