La película de Emin es cautivadora y visualmente impresionante, funcionando como una fábula sobre la pandemia y un profundo análisis filosófico de la individualidad.
A pesar de que incorpora elementos contemporáneos a una historia ya conocida, la conexión emocional que logra establecer sigue siendo débil y en ocasiones poco clara.
Enlaza sus múltiples hilos de forma tan ordenada que, al igual que el apartamento de Kôsuke, su elegante disposición sólo hace que resulte mucho más fría.