Es natural que cada aspecto de su nuevo film evoque fuertemente la obra de su maestro Hayao Miyazaki, sin embargo, le falta algo. A pesar de sus lecturas personales y su perfección formal, Mary… no logra deslumbrar.
La nueva 'Posesión infernal' es, por muy distinta que parezca, por muy diferentes que sean sus intenciones y su concepción, el mejor favor que le han podido hacer a la original. No es la misma película, pero el resultado es muy parecido.
La película presenta una calidad de producción deficiente, con personajes poco creíbles y un guión que carece de profundidad. Además, los diálogos son especialmente flojos.
Superados los efluvios new age, por fortuna queda en 'Orígenes' una construcción muy bien encadenada en la que lo romántico, espiritual y pragmático conviven con una asombrosa naturalidad.
Riguroso, serio y solemne, Scahill presenta una serie de verdades incómodas. Es una película cuya innegociable devoción a la verdad la aleja de ser simplemente “entretenida”. Sin embargo, ¿es realmente necesario que el periodismo busque ser entretenido?
La historia es endeble y se beneficiaría de un par de revisiones de guionistas y cineastas curtidos pero el gracejo del trío protagonista y las apariciones estelares de secundarios (...) le hacen a uno olvidar lo que podría haber sido y conformarse con lo que hay
Más interesante como visita guiada por los usos y costumbres de la provincia de Alicante que como historia de amor post mortem. Sacristán lleva consigo el peso de dos muertes: la de su esposa y la de una película que carece de rumbo.
Carece de chispa alguna, con un argumento que se desarrolla de una manera totalmente tediosa y previsible. Ni siquiera Peretti y Verdú –química inexistente– consiguen hacer de 'Sin hijos' algo más que una plantilla de agricomedia de encuentros y desencuentros.
Meryl Streep, en 'Ricki', toma la guitarra eléctrica como si fuera una raqueta. A partir de esto, la película presenta un retrato de una familia disfuncional con un poco de rock de fondo.
Rodeado de actores de garantía, Robinson logra extraer de ellos sus peores interpretaciones. Esta es, sin duda, la despedida menos digna para Robin Williams.
Holly Hunter ofrece una interpretación inquietante que recuerda al Clint Eastwood más reservado, lo que resulta aterrador. Quizás esta mezcla de imperfecciones en la película es lo que la hace tan intrigante.
Es ridícula, vulgar y de bajo presupuesto, dando la impresión de haber sido redactada por un adolescente. Sin embargo, merece la pena verla sin dudarlo.