A pesar de su falta de originalidad, se destaca por un humor más ácido y audaz que el de otras obras del mismo estilo. Además, mantiene un ritmo narrativo agradable y bien equilibrado.
Funciona sin encasillarse en un solo género, mostrando un humor agudo, un inquietante ambiente y un profundo drama entre padre e hijo. Chaganty transforma la experiencia cinematográfica mediante el uso de herramientas digitales.
Un ejercicio esperanzador con vocación filantrópica, un retrato neorrealista que evita la manipulación emocional. Es una película honesta y que merece ser vista.