Citada por Kurosawa como la película en la que el director inmaduro finalmente se 'descubrió' a sí mismo. Todos podemos estar agradecidos por ese auto-descubrimiento.
La película presenta un toque de humor absurdo, sin embargo, requiere que el espectador tolere ciertas bromas homófobas y un uso destacado de humor vulgar.
Esta historia criminal entusiasmó al público y situó al cinético Cagney en el mapa del cine. Convertida en un clásico, es la película en la que Cagney atiborra de pomelo la cara de Mae Clarke.
En general, es una película profunda, inusual y lograda. Se trata de una de esas obras raras que nos muestran cómo la cultura transforma nuestra forma de pensar.
Funciona más como un cuento de hadas, donde las inverosimilitudes son aceptadas y no existen reglas del mundo real. Sin embargo, es un cuento de hadas carente de enseñanzas, una sátira sin un propósito claro.