Funciona más como un cuento de hadas, donde las inverosimilitudes son aceptadas y no existen reglas del mundo real. Sin embargo, es un cuento de hadas carente de enseñanzas, una sátira sin un propósito claro.
Ni santifica ni demoniza a la tiradora ni a su famosa víctima. Lo que la película consigue es algo más complicado: trata a sus dos protagonistas, Solanis y Warhol, con respeto y humanidad.
A pesar de algunos problemas en la narrativa, la película ofrece mucho para disfrutar. Olivia Colman demuestra su versatilidad, y Toby Jones brilla en su papel como el proyeccionista del teatro.
Una película sobre relaciones que es inteligente, divertida y juvenil. La dirección de Frears es sólida, pero discreta, permitiendo que su foco resida en sus maravillosos personajes y atmósfera.