Grabada en un blanco y negro asombroso, las composiciones actúan casi como personajes, añadiendo toques de humor y destellos visuales, así como comentarios irónicos.
La única e inconfundible obra del director Paul Bartel, junto al guionista Robert Thom en su expresión más retorcida, y el productor Roger Corman en su etapa más visionaria.
En muchos sentidos, se parece a los dramas socialistas-realistas de los primeros regímenes comunistas. Pero Zhang tiene algo más inteligente y divertido bajo la manga.
Al final, aprendemos lo suficiente sobre Julie para darnos cuenta de que es muy parecida a nosotros, pero no lo suficiente para conocerla del todo. La vida siempre será un proceso constante de transformación.
Capturar los detalles de la vida cotidiana puede no resultar fascinante para todos. Sin embargo, en el contexto de esta película, una simple mirada puede expresar más que mil palabras.