Sin guiños ni intentos de agradar al público adulto, es una película infantil en el sentido clásico, diseñada únicamente para el deleite de los más pequeños.
Un relato que, si bien entrega sus buenos sustos, no difiere demasiado a los del resto del subgénero de exorcismos. Lo que hay, entonces, es casi lo mismo de siempre.
No es casualidad que Guillermo del Toro esté detrás de la producción, ya que es un experto en dar vida a sus "monstruos". Cooper busca mantener esa esencia, aunque los resultados varían en efectividad.
Después de las impresionantes actuaciones de Justin Timberlake y Amanda Seyfried, y de una idea inicial ingeniosa, la película se vuelve bastante simple y carece de interés en su segundo acto. Una verdadera lástima.