La segunda película de Tanne no está a la altura de la promesa de la primera, careciendo de su textura y concreción, pero aun así, ofrece pequeñas reflexiones y dignas interpretaciones principales.
Funciona mejor cuando se centra en la historia de Cardin relacionada con la moda, pero se vuelve confusa cuando explora su trabajo de diseño de muebles.
El final ofrece una sorprendente revelación que añade una nueva dimensión a la historia, elevando lo que sucedió antes. Sin embargo, el camino hacia ese desenlace es algo lento.
Una obra que se presenta con elegancia, pero que resulta pretenciosa y cansada. Los diálogos suenan forzados e incluso absurdos. Logra ser tanto poco desarrollada como excesivamente densa a la vez.