Comprende hasta qué punto puede volverse obsesivo el primer amor. Sin embargo, es lamentable que lo que antes fue un romance modesto se haya transformado en una compleja fantasía global de excesiva devoción.
La segunda película de Tanne no está a la altura de la promesa de la primera, careciendo de su textura y concreción, pero aun así, ofrece pequeñas reflexiones y dignas interpretaciones principales.
Generalmente da en las notas necesarias, tanto musical como históricamente, pero se queda corta en lo que debería ser su ingrediente más crucial: alma.
Funciona mejor cuando se centra en la historia de Cardin relacionada con la moda, pero se vuelve confusa cuando explora su trabajo de diseño de muebles.
El final ofrece una sorprendente revelación que añade una nueva dimensión a la historia, elevando lo que sucedió antes. Sin embargo, el camino hacia ese desenlace es algo lento.
Una obra que se presenta con elegancia, pero que resulta pretenciosa y cansada. Los diálogos suenan forzados e incluso absurdos. Logra ser tanto poco desarrollada como excesivamente densa a la vez.