Desgraciadamente, aparte de los siempre fiables Hawke y Okonedo, no hay mucho que elogiar en esta comedia negra de un humor insulso que está mal hecha en casi todos los niveles.
El ambiente esperanzador y la calidez con la que Martins narra su historia, junto con el sólido vínculo entre los cuatro actores principales, convierten a la película en un verdadero éxito ante los ojos del público.
La película de Lin explora cómo un individuo se ve afectado por un sistema social que restringe su capacidad de desarrollarse y afirmar su singularidad.