Una película que explora la belleza, la verdad y el amor, tocando mis emociones de manera profunda. Logró quebrantar mi corazón mientras también lo colmaba de una intensa felicidad.
A pesar de que en ocasiones puede parecer excesiva, resulta ser una experiencia entretenida y un hermoso regreso a un tipo de aventuras cinematográficas que parecían haber sido olvidadas por Hollywood.
Excesivamente larga, con apenas 87 minutos, no hay nada imperecedero ni elegante en este fracaso compuesto en su totalidad por elementos extraídos de películas mucho mejores.
Lo que quiere mostrar es que el amor y la familia son más complicados de lo que cualquier historia puede mostrar de verdad. Si los cineastas encontraran la forma de llegar a esta conclusión sin resultar tan condescendientes.
El codirector Bellomo tenía que haber mantenido una distancia adecuada no solo para capturar las imágenes, sino también para reflexionar sobre su significado.
Sally Potter demuestra su habilidad como narradora visual, resaltando su dedicación a usar el cine para explorar las dinámicas de poder. Nos invita a reflexionar y a no ignorar las situaciones que requieren nuestra atención.
A pesar de las sólidas actuaciones de Cox y Beckinsale, la película resulta decepcionante y carece de dirección, especialmente debido a un tercer acto mal desarrollado.
Desgraciadamente, aparte de los siempre fiables Hawke y Okonedo, no hay mucho que elogiar en esta comedia negra de un humor insulso que está mal hecha en casi todos los niveles.
El ambiente esperanzador y la calidez con la que Martins narra su historia, junto con el sólido vínculo entre los cuatro actores principales, convierten a la película en un verdadero éxito ante los ojos del público.