La película explora tanto la comedia como el horror, aunque se sumerge en el drama durante largos momentos. A pesar de ser una excepción destacable, acaba siendo una experiencia confusa.
El elenco se esfuerza al máximo, pero Shyamalan elige un enfoque simplista en una narrativa que busca cuestionar creencias. El resultado es un relato apocalíptico con un ritmo acelerado, pero que carece de variedad y efectividad.