El personaje de Milo evoluciona y se transforma en algo más que un simple monstruo. Sin embargo, el lenguaje metafórico de la película presenta otra forma de monstruosidad que no llega a despojarse de sus cargas.
Comedia suavizada y drama sobre la adicción. Aunque la combinación de ambos géneros no resulta siempre satisfactoria en términos intelectuales, Swanberg logra conectar emocionalmente con la audiencia.