El primer episodio resulta cautivador. A lo largo de la serie, se presenta una historia que sorprende continuamente, desafiando tanto las expectativas como la comprensión del espectador.
Una magnífica pieza televisiva. Los mayores elogios son para Garner, que transforma un personaje que últimamente se está convirtiendo en un tropo en alguien con dimensión y sustancia.
Una magnífica danza entre la imprevisibilidad, el capricho, los duendes que roban bebés y las escenas de acción artísticamente construidas. El papel de Gatwa es perfecto.
Una acrobacia magnífica en la que se salta por la ventana a nivel creativo y se aterriza de pie. Lo que sorprende es que no haya más productores australianos así de atrevidos.
La serie presenta un desequilibrio, ya que parece tener una extensión excesiva o escasez de personajes, dejando a muchos de ellos sin suficiente desarrollo. Sin embargo, los seguidores de Lilley seguramente se engancharán y la disfrutarán de principio a fin.