En realidad, no tiene ningún vínculo significativo con el fascismo, simplemente es un despliegue de lujuria retorcida, formada por las fantasías de cuatro pervertidos extremos, incluido el director.
Repleta de clichés durante sus dos horas de duración, la película logra encontrar un estilo original en el sentido del humor que el director Andrzej Bartkowiak presenta en el momento oportuno.
El rechazo del director hacia las clásicas estructuras dramáticas hace que la película se estire de forma rimbombante, pero este fallo se compensa sobradamente por sus hipnóticas y elocuentes composiciones.
Cada turbulento movimiento de cámara y cada ángulo distintivo tienen un propósito real. El talento de Scorsese se complementa a la perfección con la intensidad de De Niro.
Es agotadora hasta el extremo. De manera irritante, los actores se ven atrapados en un estilo similar a estar encerrado con alguien que no puede permanecer quieto.
Un producto seductor y elegante, con un envoltorio muy atractivo gracias a Juliette Binoche y Judi Dench, así como al director Lasse Hallström, quien logra mantener un tono agradable y ligero a lo largo de la película.
La inteligencia creativa transforma la actuación de personas comunes en un trabajo de gran calidad. Es un verdadero deleite observar cómo esos pequeños instantes desvelan verdades significativas.
Una película poderosa y a la vez tierna que explora temas de identidad, necesidades y deseos, además de resaltar nuestra habilidad para transformar la realidad a nuestro favor.
Un thriller que resulta poco emocionante y, aunque a veces ofrece momentos de entretenimiento, sufre de una narrativa que languidece y se siente como un sufrimiento prolongado.