Una película ferozmente brillante con un impacto tan desgarrador, un ritmo tan adrenalínico e imprevisible, que verla se convierte en un estimulante paseo.
Un antídoto contra las películas falsas sobre las glorias de la guerra. Todavía hoy podemos hallar inspiración en el idealismo y la fría maestria del innegable arte de Kubrick.
Una película como esta, marcada por su melancolía y su dolor, resulta ser significativamente más cautivadora que la mayoría de los éxitos superficiales y exagerados que suelen lanzarse aquí.
La trama romántica se desarrolla de manera efectiva. Sin embargo, los aspectos de thriller presentan ciertas inseguridades, ya que el recurso del suspense resulta bastante evidente.
El reparto sobresaliente, la dirección de Lee Garmes y un guión tenso y brillante, aunque poco original, de Phil Yordan y Dashiell Hammett, contribuyen a crear un clímax que, aunque predecible, resulta ser impactante y memorable.
Chispea de tensión juguetona y es todo un derroche de amabilidad. Aunque el argumento no presenta sorpresas y sigue una fórmula clásica, los creadores y el elenco disfrutan del proceso, y su alegría es realmente contagiosa.
Una película muy entretenida y visualmente impresionante, que a veces logra sacudirte y deleitarte. Escena tras escena, es como un desfile cirquense de maravillas vivientes.