Una de las obras maestras del cine es sin duda la tragicomedia de 1939 de Jean Renoir, 'Las reglas del juego', que se considera uno de los grandes milagros de la historia del séptimo arte.
Es una película destinada a los amantes del cine de acción que buscan algo diferente, aunque no radical. También atrae a aquellos que critican la banalidad y la falta de inteligencia en la televisión, pero que a pesar de ello continúan viéndola.
Carece de energía, sorpresas, humor o emociones auténticas. Tiene buen aspecto pero es extrañamente lúgubre y distante. La película es como un juego que dura demasiado.
El efecto general es el de una historia atomizada y moribunda ante nuestros ojos, desplomándose en pulpa aplastada, reducida a ceniza de kriptonita de gran presupuesto.
Esta segunda entrega carece de la fuerza y dinamismo que caracterizaban a la primera. Los momentos más memorables provienen generalmente de las actuaciones de los actores, más que de la trama en sí.
No hay razón para ver esta película a menos que te interesen los gráficos por ordenador. Pero, si lo estás, ¿por qué no esperar al videojuego? Puede que no sea mejor, pero al menos puedes apagarlo.
Un clásico maravillosamente sabio y emocionante, pero también lleno de escenas que podrían hacerte exclamar, como Genjuro: ''¡No sabía que tales placeres existiesen!''