La película presenta un estilo característico de Reiner en la comedia romántica, que incluye elementos como la ternura excesiva, situaciones absurdas que desdibujan la profundidad de los personajes, y una trama de aventuras poco convincente.
Un romance exagerado y cursi que, aunque eventualmente te gana con su atmósfera y su buen talente, está lejos de ser la obra maestra de la que has estado oyendo hablar.
Cuando una película resulta ser tan mala, como es el caso de esta, se siente eternamente larga. La única forma de sobrellevarla es tratando de encontrar algo, por mínimo que sea, que despierte nuestro interés en la pantalla.
Probablemente lo mejor de 'The Prince & Me' sea el modo en que la historia no termina en el sitio obvio, sino que sigue mostrando a los personajes, que continúan desarrollándose.
¿Por qué el delgado Woody Allen besando a la atractiva Diane Keaton nunca fue desagradable, mientras que el delgado David Spade besando a la hermosa Sophie Marceau resulta ser el espectáculo más perturbador del cine este año?
Puede que haya otras cintas estadounidenses que aborden el amor en la adultez de manera superior, pero en este momento no pienso en ninguna que lo logre.
Es como si no se hubiera considerado nada, confiando únicamente en Gabrielle Union para salvar la película. Ella lo intenta, pero no logra llevarla a buen puerto.
Un thriller excepcional que pone de manifiesto la arrogancia de las élites. Su único defecto radica en que concluye dos minutos antes de lo esperado. Sin embargo, dada la calidad de su contenido, este detalle resulta sencillo de pasar por alto.
'Showgirls' resultó ser más entretenida que 'Striptease'. Aunque 'Showgirls' mantenía un tono divertido de principio a fin, en 'Striptease' hay momentos prolongados y oscuros que te obligan a observar a Demi Moore desnudándose.
Sus misterios no logran cautivar al público de manera efectiva, y apenas hay sorpresas a lo largo de la historia. Sin embargo, la presencia de las mujeres resulta ser un atractivo notable y justifica su visualización.
Su intento de poner una cara sonriente a sus impulsos más oscuros la convierte no sólo en una mala película, sino en una película despistada y cobarde.