La premisa puede parecer simple al principio: Ian McShane interpreta a un veterano asesino a sueldo en su último trabajo. Sin embargo, pronto se revela como una obra profunda que sorprende y lleva al espectador a rincones inesperados.
Le falta algo especial. Esta es una característica que ha definido algunas de las más destacadas de las primeras 19 películas de Bond: el absurdo extravagante.
La película logra captar nuestra atención gracias a su complejo clima moral, pero lo que realmente destaca es la inquebrantable integridad que emana el actor Penn.
Lo interesante de revisarla a día de hoy es los elementos que cautivaron al público en su época: la trama de thriller y el vislumbre de la vida soviética.
Señalar sus pequeños defectos sería como ver un coche demolido y quejarse de que no funciona la luz de marcha atrás. La película simplemente no funciona.