A pesar de las impresionantes secuencias con helicópteros, la película peca de una gran cantidad de incoherencias. Además, le falta un toque de emoción y desafío.
El último trabajo de Ritchie, tras dos décadas de carrera y una inversión multimillonaria, se siente como un intento torpe y cínico por calmar a quienes criticaron 'Aladdin'.
En la mitad de la primera temporada, se nota que Brammall y Dyer lograron algo que a Ricky Gervais y Quinta Brunson les llevó dos temporadas alcanzar: hacernos sentir empatía por los personajes.
Es una película ambiciosa, con escenas impactantes y actuaciones cautivadoras. Sin embargo, la forma en que se entrelazan sus diversos elementos resulta algo apresurada.