Como el propio Richard, tiene una mirada clara, es conmovedora en varias secuencias y más clínica en otras, y es en ese equilibrio donde reside su grandeza.
Un manifiesto sobre el cine y la pasión que su protagonista siente por el proceso de filmación. Pero su cinefilia no se queda en la superficie, porque Hogg no solo disfruta al poner en esos personajes monólogos y diatribas á la nouvelle vague.
La sucesión de interrogantes es lo suficientemente intrigante para mantener el interés, pero la excesiva cantidad de historias termina por diluir el concepto.
Es uno de los exponentes más cándidos del género, carente de pretenciosidad y con dos protagonistas que consiguen lo más difícil: una química instantánea que pueda mantener al espectador interesado.
El humor negro y la brutalidad presente en varias de sus secuencias evocan lo mejor de 'Narcos'. Sin embargo, intentar contar una historia de ascenso y caída en solo seis capítulos se siente insuficiente, representando la verdadera limitación a la que 'Griselda' se enfrenta.
Se nota cierta torpeza al querer abarcar las diferentes aristas del daño que produjo Purdue Pharma sin profundizar demasiado, quedándose en lo superfluo, y acudiendo a la sobreexplicación para allanar el camino.
Fox y Resnik son conscientes de la gran habilidad actoral de Prince, y depositan en ella la responsabilidad principal de la acción. Es precisamente por esta razón que el drama logra sobreponerse a algunas elecciones estéticas y narrativas.
Esta megaproducción parece conformarse con llevar a buen puerto los tramos en los que las luchas se anteponen a sus personajes, como si el director se estuviera vanagloriando de haber creado un díptico impresionante y concluyente.
Es una película claustrofóbica, lúgubre, desenfrenada, cuyo plano secuencia resulta anecdótico ante la suma de aciertos que va acumulando en su hora y media de duración.
Serie que equilibra el factor sentimental con la dificultad de su protagonista para dejar sus mañas atrás y avanzar, un verdadero espejo de la obra de Cohn y Duprat y la maravilla que han logrado aquí.
El film se va volviendo irremediablemente melancólico y, a pesar de no ser redondo, sus cuestionamientos sobre las relaciones son tan certeros como inquietantes.
La respuesta a si una segunda temporada era necesaria se responde ya en los primeros episodios: por fuera de su protagonista, 'After Life' no tenía material suficiente para un regreso, y el desarrollo de los episodios resulta muy mecánico, y sin vuelo a nivel visual.