Entre el romanticismo de los veranos rohmerianos y el paisaje exótico de 'El río' de Jean Renoir, con Hansen-Løve lo esencial no es lo que está por venir, sino las vivencias que guardamos en el aquí y el ahora.
Busca ser una fusión entre 'Braveheart' y 'La batalla de los bastardos' de 'Juego de tronos', sin embargo, termina siendo una combinación de logros y algunas desilusiones.
Encuentra un equilibrio para espectadores de todas las edades sin abandonar los momentos más macabros de la historia, ni tampoco la crítica política. La película es una reinvención triunfal.
Una aventura claustrofóbica donde el director bilbaíno exprime todo el jugo a un escenario monótono, y crea una distopía conceptual impecable a la que su contundencia narrativa la acabará convirtiendo en film de culto.
Es como un episodio prolongado de 'Black Mirror'. Presenta conceptos interesantes que no se desarrollan por completo, sobre todo en la segunda mitad que pierde fuerza antes de un final impactante. La película destaca cuando se atreve a ir al límite.
Una de las comedias románticas más destacadas del año, esta película es fresca, divertida y romántica, rindiendo homenaje a un estilo de cine que parece haber desaparecido de las salas modernas.
La trama puede ser limitada en ocasiones, pero los temas como el trauma generacional, la masculinidad tóxica y el choque entre tradición y modernidad se exploran de manera contundente, aunque no siempre con la profundidad deseada.
Si explotase lo onírico, lo nuevo de Sam Taylor-Johnson podría ser brillante, pero se contiene. El resultado es un retrato sobrio de una rehabilitación.
Se convierte pronto en una oportunidad perdida. Es una pena que sus ideas más interesantes no lleguen a florecer del todo. Con todo, al menos podemos leer 'El hijo' como una moraleja sobre la crianza deficiente.