Serraille intenta abordar los desafíos de integración que enfrentan los subsaharianos en Europa, pero su falta de habilidad narrativa dificulta comprender el mensaje que desea transmitir.
Es una obra carente de honestidad, que utiliza un enfoque feminista y una agenda política para aparentar relevancia, la cual no puede sostenerse por sus propios méritos artísticos.