A pesar de contener algunas escenas hábilmente manipuladoras, la trama se enfoca en el cambio moral y emocional del abogado, quien no es un personaje especialmente amable ni verdaderamente cautivador.
Un alucinante espectáculo visual sin nada que contar, un escaparate del 3D más inmersivo y realista que uno puede imaginar, pero sus 192 minutos ofrecen escasa sustancia temática o narrativa.
El empeño en dotar de realismo propio de un documental de naturaleza limita movimientos y expresiones. Los colores ya no son deslumbrantes, sino que se reducen a gamas de marrón; además, las coreografías resultan ser bastante pobres.
Una narración sorprendentemente confusa que ni se toma la molestia de dar la impresión de que su existencia responde a algo más que a la mera intención de generar ganancias.
El Grinch no es malvado, sino simplemente un incomprendido. Esto no es lo único que la película presenta de manera tediosamente convencional; también se encuentran subtramas insulsas y una desesperación palpable por intentar transmitir un espíritu festivo.
Entendida como operación financiera, la nueva película es un triunfo; sin embargo, es uno de los ejercicios narrativos menos brillantes que Pixar ha realizado.
En lugar de ofrecer gags o secuencias de acción memorables, se opta por un 'slapstick' evidente, acompañado de chistes simplones, excesivos gritos y una frenética superficialidad, además de ineludibles dosis de sensiblería.
Una película que ejemplifica todo lo que sus responsables saben hacer muy bien. Sin embargo, aunque la historia es prácticamente la misma que antes, esta vez no logra funcionar con la misma efectividad.
Con tanto material sonoro acumulado, tal vez era demasiado ambicioso esperar una mínima profundidad en las caracterizaciones, algo de ingenio en los diálogos o un poco de estilización visual.
Casi todo en 'Escuadrón suicida' es pura pose. Porque pese a sus forzados intentos por mostrarse irreverente y subversiva, en última instancia demuestra ser una película típica de su género.
Pixar vuelve a ser Pixar. La magistral 'Del revés' se sitúa al nivel de la trilogía 'Toy Story' y 'Wall-E', siendo una obra maestra en toda su extensión.
Una copia reverente. Contiene tantos homenajes a 'La guerra de las galaxias' (1977) –¿robos?– que sería fácil considerarla un 'remake' más que una secuela.
Wenders decepciona con un dramón en 3D; los diálogos que asigna a sus personajes resultan risibles, las situaciones se repiten de forma tediosa y, sobre todo, todas las escenas están saturadas de pausas y tiempos muertos.
Jackson llega al final de un épico viaje, tan irregular como la topografía de la Tierra Media. Una falta completa de reparos a la hora de estirarla para maximizar beneficios.