'Dragonball' ha sido perfectamente diseñada para alucinar a un niño de 10 años. Los efectos especiales son de segunda categoría, lo que resta valor al disfrute de estas travesuras.
No es la reinvención de la rueda, pero al menos se reviste de una agradablemente fresca capa de pintura rosa, y tiene una estrella que la pilota con aplomo.
A pesar de su contenido superficial y su extenso metraje, resulta muy placentera, evocando el estilo de una ilustración de Norman Rockwell. Tony Bill puede no ser un filósofo, pero ciertamente es un caballero.
Dirigida por Steve Carr, un hombre que sabe cómo poner una cámara frente a las cosas, aunque poco más, y por lo que al guión se refiere, más o menos, podemos decir lo mismo de Nick Bakay y el Sr. James.
Como en las dos entregas anteriores de la franquicia, consiste en gran parte en rabietas machistas, pugnas por la chica, intenso caos vehicular y homoerotismo de alto octanaje.
Maleficio se presenta como una historia basada en hechos reales, aunque gran parte de su contenido parece provenir del infructuoso intento de replicar 'El exorcista' y sus secuelas, dejando a la audiencia atrapada en un tedio que perdura mucho tiempo después.
La sorpresa radica en la forma en que se utiliza con una confianza inquietante y un disfrute contagioso. Hay un trasfondo provocador en este tipo de contenido, y aquí se profundiza hasta lo más profundo.
Reproduce los elementos clave de la historia, pero le falta el inquietante minimalismo característico de Kurosawa y su estricta elaboración conceptual.