El filme tiene una entidad propia y se presenta como un entretenido espectáculo de acción y humor. Lo más fascinante no radica en la fábula, sino en el placer que genera cada secuencia de acción, diseñadas por el director con una sorprendente maestría.
Es tan efectiva y efímera como sus predecesoras y, como un juguete en tiempos digitales, entretiene un rato a cualquiera con ganas de divertirse antes de pasar a otra cosa más interesante.
El director demuestra su habilidad visual al abordar el viaje temporal y se siente mucho más a gusto capturando la estética de la época del socialismo en La Moneda que reflejando el tiempo actual, que solo se utiliza para establecer conexiones.
El foco de la película está siempre puesto en las cuestiones de género, pero el cineasta hace brillar las diferencias sociales que impiden la integración trans incluso dentro del movimiento LGBT.
Planteada como una fábula de empoderamiento, la película de Oz Perkins presenta momentos destacados, aunque también algunos que podrían considerarse de relleno. La generación de atmósferas es uno de los aspectos más sobresalientes de la película.
La dimensión política del filme no vuelve depresiva a esta comedia de enredos. El verdadero brillo de la película y su diversidad de colores son obra de Hugh Grant.
Un disco atascado en el estéreo del coche que permite escuchar medio Velvet Underground & Nico, una de las mejores óperas primas de la historia del arte, que encaja a la perfección con la película. Esto es más de lo que se puede pedir a cualquier debut cinematográfico.
El principal problema de 'Madraza' se presenta cuando Aguilar restringe el interés de la película a la resolución del conflicto policial, lo que hace que las sorpresas del guión sean predecibles.
Las icónicas patillas de Wolverine dejaron de brillar en una película marcada por la melancolía. Sin embargo, esa tristeza se ve atenuada por un rayo de esperanza que surge con el surgimiento de una nueva generación de portadores de garras retráctiles.
'Alanis' logra mantener la misma tensión que las cuatro obras previas de Berneri y en ciertos instantes parece encapsular la esencia de ese cautivador juego de películas.
A diferencia de las típicas escenas sangrientas del horror contemporáneo, "Aguas siniestras" pierde fuerza en su segunda parte debido a la carga de los dilemas morales que plantea.
Burger se enfoca en diversos puntos de vista, lo cual se refleja en la variada banda sonora de la película. Sin embargo, esta sobrecarga de perspectivas afecta la fluidez de la narrativa en su intento por resaltar la universalidad.