Aunque a muchos espectadores les atraiga más una dulce venganza contra su ex infiel que un romance, no podemos evitar animar a Solène y Hayes a que encuentren la forma de hacer que su relación funcione.
Una historia de amor que mezcla hábilmente los ritmos familiares de un romance de película clásica con los detalles distintivos de dos de los jóvenes más públicos del mundo que intentan mantener su relación en privado.
Lo personal es político, pero en esta película el argumento se hace más poderoso con la historia personal que con la ráfaga de clips o las teorías sobre la historia.
El entorno en el que se mueve Nellie puede parecer caótico, pero McKendrick tiene claro su rumbo y nos guía de manera efectiva a lo largo de su travesía.
Las actrices intentan brillar en roles que carecen de profundidad. Las situaciones de romance, trabajo y amistad se solucionan de forma apresurada y sin profundizar en sus matices.
La mejor hasta la fecha. Mezcla poderes de monstruos perdidos y encontrados, llena de pura y alegre tontería, además de ofrecer una visión conmovedora de la familia.
La decisión sobre lo que es real y lo que simboliza la forma en que enfrentamos la pérdida está en nuestras manos. La autenticidad de los personajes y la manera en que el perro les facilita la conexión, tanto entre ellos como con el espectador, son aspectos destacados de la narrativa.
Con papeles como este, Foster muestra su talento, sin embargo, la trama no le ofrece mucho para desarrollar su personaje, lo mismo ocurre con Wallace, cuyo rol resulta poco interesante.
El argumento está lleno de melodrama, presentando una narrativa que a veces parece trivial y, en otras ocasiones, puede interpretarse como una justificación a la violencia contra quienes son acusados de crímenes.