El entorno en el que se mueve Nellie puede parecer caótico, pero McKendrick tiene claro su rumbo y nos guía de manera efectiva a lo largo de su travesía.
Las actrices intentan brillar en roles que carecen de profundidad. Las situaciones de romance, trabajo y amistad se solucionan de forma apresurada y sin profundizar en sus matices.
La mejor hasta la fecha. Mezcla poderes de monstruos perdidos y encontrados, llena de pura y alegre tontería, además de ofrecer una visión conmovedora de la familia.
Con papeles como este, Foster muestra su talento, sin embargo, la trama no le ofrece mucho para desarrollar su personaje, lo mismo ocurre con Wallace, cuyo rol resulta poco interesante.
El argumento está lleno de melodrama, presentando una narrativa que a veces parece trivial y, en otras ocasiones, puede interpretarse como una justificación a la violencia contra quienes son acusados de crímenes.
Una secuela atrevida y fresca que supera a la primera entrega. El protagonista muestra una mayor autoconciencia, mientras que la película se enfoca más en la acción que en las explicaciones.
Hay lecciones sobre el acoso escolar y el trabajo en equipo. Sin embargo, en comparación con la película original o con otras más recientes, se siente mediocre y poco impactante.
A pesar del destacado desempeño de Ben Mendelsohn, Daisy Ridley y Gil Birmingham, la interpretación del director Neil Burger resulta ser un thriller bastante convencional.
Cobra vida a través de los detalles específicos que hacen que los personajes y su sentido del lugar —y de desubicación— sean importantes en la historia.
En su mejor momento, esta obra ofrece una atmósfera envolvente que examina la transformación del poder en una relación, presentando imágenes impresionantes y elementos duales. Sin embargo, en su aspecto más débil, parece más un esbozo que una narración completa.