Los problemas en la industria de la moda, liderada por el casi billonario Bernard Arnault, son preocupantes y el director Kevin Macdonald los presenta de manera contundente.
El uso que Davis hace de la conexión interpersonal, el alto valor de producción y los momentos de juego de Barbie evocan emociones de felicidad, tristeza y celebración para la Barbie Negra.
Lo absurdo de todo esto convierte a la película en una experiencia difícil de soportar. La historia, que se siente inverosímil y genérica, se ve salpicada de temas actuales, los cuales se utilizan como un sustituto de personajes bien desarrollados.