Un ejercicio encantador de política de género experimentada a través de la religión. El desarrollo no sólo da en el clavo, sino que entretiene al mismo tiempo que es respetuoso con las tradiciones religiosas. El reparto es sólido.
El documental, al centrarse en una disciplina tan intensa, carece de un poco de control por parte de sus realizadores. Se perciben al menos 20 minutos de contenido innecesario, lo que afecta negativamente su ritmo y fuerza.