El ingrediente esencial de esta obra es el ingenioso guión de Dan Schaffer, que desafía de manera constante la premisa inherentemente sexista de la película.
La obra de Ford aborda de manera profunda y extendida los temas familiares relacionados con la muerte del Viejo Oeste, explorando el choque entre la naturaleza salvaje y el entorno cultivado, así como el impacto del mito.
Un remake con una desastrosa elección de reparto, que retiene los temas apocalípticos del guion original de Seltzer, pero los reproduce de forma aburrida y sin escalofríos.
En el ámbito del cine, la película se presenta como un espectáculo visual asombroso, con la asombrosa fotografía de Lucien Ballard realzando la visión melancólica y profunda de Peckinpah.
El guión ingenioso de Edmund H North y la dirección sutil de Wise logran un tono serio, sin caer en la solemnidad. Por otro lado, la música de Bernard Herrmann, que evoca una sonoridad alienígena, intensifica la atmósfera de extrañeza y amenaza inminente.
Su aterradora representación de los atentados y de la represiva ley marcial de Nueva York se ve debilitada por un razonamiento político confuso y por una historia convencional.
Este último ejemplo de la nueva ola francesa de terror demuestra valentía al enfrentarse a un problema social contemporáneo, similar al enfoque de Romero.