Oliver Stone nos hace mirar a través del cristal, pero la pregunta importante es si ha encontrado la verdad o una mentira incluso más cautivadoramente espectacular.
Casual y cautivadora, este biopic celebratorio fluye de manera intuitiva. Es una película que brilla con mucha vida. Schnabel ha logrado simplificar su estilo cinematográfico de una forma sumamente seductora.
Un drama tan a la vieja escuela que suaviza el radicalismo de su tema. Es una película impecablemente elaborada y honorable, pero he de decir que no es demasiado cautivadora.
La película es grandiosa e inmersiva. Nos hace sentirnos transportados como por una máquina del tiempo. El Lincoln que vemos aquí es esa extraña clase de criatura cinematográfica, un pensador heroico.
Fría, segura, emocionalmente remota, resulta disfrutable: pero también es una paradoja cinematográfica, una película que trabaja para retratar a Picasso desde todos los ángulos y aun así, pierde su fuego.
Una sinsentido de película, pero una especialmente resonante e impactante. Desde la primera toma hasta la última, posee el coraje de su propia demencia.
Sólo hay un momento divertido en ella, pero el director John Badman pone más energía en las sofisticadas secuencias de persecuciones de mascotas que en refinar la química cómica de sus estrellas.