El chileno Larrain tiene un gran talento para guiar a las actrices. Su habilidad para crear fantasías es notable, ofreciendo situaciones oníricas y simbologías que varían en calidad.
Es una comedia agradable. Con un estilo que recuerda a un relato de vacaciones, presenta un toque picaresco, una encantadora representación de las costumbres y un interesante contraste de mentalidades, ilusiones y oportunidades.
Eso es lo que acá se cuenta, celebrando esa energía y destacando la forma novedosa de esa organización colectiva, hasta derivar en un caso particular como ejemplo de tantas vidas tronchadas por la desidia de quienes hubieran podido protegerlas.
Toda una aventura, un desafío digno de ser vivido. Esta comedia ácida de Alvaro Brechner, con humor judeo-rioplatense, nos mantiene en la duda hasta la anteúltima escena.
A partir de un guión con aire televisivo, el director Oliver Hirschbiegel construyó una película superficial, destinada al entretenimiento de la audiencia admiradora de figuras ricas y famosas, así como de las revistas del corazón.
El film expone con la debida contundencia los ocultos métodos de la Stasi en un campo inesperado: el espionaje exterior a cargo de jovencitas infiltradas en Noruega y países vecinos.
Los chistes son escasos, las peleas transcurren con tanta velocidad que no alcanzan a entenderse ni disfrutarse del todo, y el oso ha perdido bastante la gracia. Se pasa el rato, nada más.
Loca, rara, admirable, asquerosa, emotiva, ingeniosa, confusa, divertida, acelerada y cansadora; todos esos calificativos son aplicables a esta película, que desborda una imaginación fértil y abundante.
El director logra ofrecer momentos destacados para Mark Hamill, Harrison Ford y, en particular, para la difunta y digitalizada Carrie Fisher. Además, hay un emotivo y brillante epílogo que cierra la saga de una manera adecuada.