Los chistes son escasos, las peleas transcurren con tanta velocidad que no alcanzan a entenderse ni disfrutarse del todo, y el oso ha perdido bastante la gracia. Se pasa el rato, nada más.
Loca, rara, admirable, asquerosa, emotiva, ingeniosa, confusa, divertida, acelerada y cansadora; todos esos calificativos son aplicables a esta película, que desborda una imaginación fértil y abundante.
El director logra ofrecer momentos destacados para Mark Hamill, Harrison Ford y, en particular, para la difunta y digitalizada Carrie Fisher. Además, hay un emotivo y brillante epílogo que cierra la saga de una manera adecuada.
Es una película solo indicada para ver buenos efectos especiales, grandes panorámicas, y para apreciar en primera fila la posible consagración mundial de una joven estrella, que hasta ahora la venía remando en un mar de pavadas televisivas.
La historia ofrecía un mayor potencial, pero los dibujos son atractivos, los personajes son entrañables y los temas tratados están estandarizados dentro de lo políticamente correcto.
La aventura es convencional pero entretenida, bien contada, tiene su emoción, su enseñanza, y, eso si, también tiene unos momentos dramáticos bastante fuertes.
Está llena de provocaciones que perdieron filo hace rato. Quienes amaron 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' sólo encontrarán un aeropuerto, unos colores, no mucho más.
Un emotivo registro de la poesía que cada persona lleva dentro suyo, y que aflora cuando es invocada y alentada por una maestra que también siente la poesía, y la belleza del arte, y sabe cultivarla.
Los seguidores de concursos televisivos tal vez encuentren aspectos positivos en 'Ritmo perfecto', una comedia que narra la historia de universitarias que se unen para participar en una competencia de grupos a capella.
Es cierto que se pueden señalar algunos clichés y altibajos en el desarrollo dramático, así como la falta de expresividad en dos de los intérpretes, pero, a pesar de estas molestias, se valora notablemente el esfuerzo, la perseverancia, la creatividad y el crecimiento que se muestra en la obra.
Esto es puro regocijo, con momentos de emoción, lecciones de vida de esas que no se dicen porque simplemente se evidencian, y momentos de salvajada también, porque el autor es Javier Fesser.
Resulta una obra digna de atención, bien actuada, con una cuidada fotografía, una trama de creciente y perturbadora presión, y, sobre todo, con mucho para reflexionar.
Una película simpática y efectiva, aunque carece de originalidad. Se adhiere a la fórmula típica de las comedias deportivas, pero en este caso se inspira en hechos reales.